por Francisco Parra Luna
En la inmensa literatura existente
sobre el Quijotye, el protagonista absoluto suele ser el hifdalgoEn principio,
es el personaje de don Quijote quien parece llevar la voz cantante en lo que al
mensaje moral se refiere. Pero, ¿y Sancho Panza? ¿Qué decir de ese pueblerino,
simple, analfabeto, interesado sólo en mejorar su suerte y la de su familia,
pero a quien don Quijote embauca con promesas de toda índole, entre ellas la de
hacerle gobernador de alguna ínsula? Hay que decir que comienza poniendo en las
aventuras el sentido común que le falta a don Quijote; que él sigue pensando en
la comida, en las monedas que se encuentra en Sierra Morena, en los pollinos
que le ofrece don Quijote y sobre todo en ocupar un día el cargo de gobernador,
o de conde, donde poder ganar dinero y privilegios para hacer que su mujer y su
hija Sanchica sean también condesas o algo parecido. En la primera parte de la
novela Sancho nunca renuncia a esta promesa que recuerda constantemente a don
Quijote.
Pero conforme va avanzando el relato, y
una vez que parece haber experimentado
lo que es comer abundantemente (bodas de Camacho, casa del caballero del Verde
Gabán, castillo de los Duques…), el pensamiento de Sancho se va tornando más y
más desprendido, produciéndose así lo que muchos autores han llamado la quijotización de Sancho, hasta el punto
en que llega incluso a superar en espiritualidad a su maestro. En términos de
valores se aprecia una evolución de su pensamiento, que va desde sus intereses
más materiales por mejorar su humilde condición, llevar sustento a su familia,
obcecarse con ser gobernador o conde, e incluso estar dispuesto a vender los
esclavos negros que pudieran corresponderle en propiedad por tales cargos, a
pasar gradualmente al abandono de estas apetencias materialistas para
centrarse, ─como bien han reflejado los recuentos
de frases anteriores─, en los valores del Conocimiento
(indagar sobre la verdad de las cosas), de Justicia Distributiva (no permitir
que la sinrazón triunfe en perjuicio de los demás) y sobre todo, del Prestigio
Moral (va abandonando todo sentimiento de egoísmo material para invocar y
ejecutar actos verdaderamente sublimes como cuando propone a don Quijote abandonar la caballería
andante para “ser santos”, o cuando
ruega, ya moribundo su señor, que no se muera (aunque ello le impediría recibir
la parte de herencia prometida.). Sancho se quijotiza
de tal modo que termina superando quizá a don Quijote en nobleza y desinterés,
y se podría hablar de un Sancho I y
de un Sancho II con el paso de la
novela.
Merece, pues, que nos detengamos en lo
que hemos llamado “momentos estelares”
de Sancho Panza, divididos en dos apartados:
a) los
juicios como “gobernador” y
b) sus
últimas intervenciones en la novela.
Porque a fe que merece la pena releerlos
y recordarlos, tal es la sorprendente transformación ocurrida en su interior,
su sentido de la justicia y la intensa y elevada generosidad que emana de su
corazón de labriego. Y porque es en los últimos capítulos donde Sancho se
engrandece hasta límites insospechados. Quizás sea Menéndez Pelayo (1941) quien
mejor expresa el cambio acaecido: Sancho no es
solamente el coro humorístico que acompaña a la tragicomedia humana; es algo
mayor y mejor que esto, es un espíritu redimido y purificado del fango de la
materia por don Quijote: es el primero y mayor triunfo del ingenioso hidalgo,
es la estatua moral que van labrando sus manos sobre materia tosca y rudísima,
a la cual le comunica el soplo de la inmortalidad.
a)
Los juicios como gobernador
Se comienza por tres de los juicios que Sancho
Panza dilucidó como gobernador de la ínsula Barataria.
Juicio 1 (Adaptado de Parte
II, capítulo 45)
Señor
Gobernador, a este hombre le presté diez escudos de oro para que me los
devolviese cuando se los pidiese.
Dice
que me los ha vuelto, pero no es cierto.
¿Qué
decís vos a esto, buen viejo del báculo?, dijo Sancho.
Yo,
señor, confieso que me los prestó, pero juraré que se los he devuelto.
Y en
tanto, el viejo del báculo decía esto, dio el báculo al prestador para que se
le tuviese mientras juraba solemnemente.
Viendo
lo cual el prestador creyó que el del báculo decía la verdad porque le tenía
por hombre de bien.
Devolvió
el báculo al viejo, y bajando la cabeza iba a salir del juzgado.
Visto
lo cual, Sancho dijo al del báculo: Dadme, buen hombre, ese báculo.
De muy
buena gana –respondió el viejo.
Tomole
Sancho, y dándosele al prestador, le dijo: Andad con Dios, que vais pagado.
¿Pero
señor?, ─respondió el prestador─ ¿vale esta caña los escudos de oro?
Sí,
dijo el gobernador.
Y
mandó que allí delante de todos se rompiese y abriese la caña.
Hízose
así, y en el corazón della hallaron diez escudos de oro.
Comentario: Obsérvese la sorprendente
capacidad psicológica de Sancho para captar en unos segundos que el hecho de
entregar innecesariamente el báculo al mismo prestador por el solo hecho de
jurar, encerraba la argucia de no poder ser acusado de jurar en falso pero sin
por ello devolver los escudos.
Juicio 2 (Adaptado de Parte
II, capítulo 45):
Entró
en el juzgado una mujer, dando grandes voces diciendo: ¡Justicia, señor
gobernador! Este mal hombre me ha cogido en la mitad dese campo y se ha
aprovechado de mi cuerpo.
Sancho
le preguntó al hombre qué respondía.
Señor,
volvíame a mi aldea cuando topé en el camino con esta buena dueña, y el diablo,
que todo lo añasca, hizo que yogásemos juntos, paguéle lo suficiente, y ella
malcontenta, no me ha dejado hasta traerme aquí.
Sancho
preguntó al hombre si traía consigo dinero. Él dijo que veinte ducados en una
bolsa. Sancho mandó que la entregase a la mujer. Tomola la mujer y haciendo mil
zalemas a todos con esto se salió del juzgado.
Apenas
salió cuando Sancho dijo al hombre: id tras ella, quitadle la bolsa, y volved
aquí.
De
allí a poco volvieron el hombre y la mujer, asidos y aferrados. ¡Justicia de
Dios y del mundo! Mire, señor gobernador, que me ha querido quitar la bolsa que
vuesa merced mandó darme.
¿Y
háosla quitado?
¿Cómo
quitar? Antes me dejara yo quitar la vida que me quiten la bolsa. ¡Tenazas y
martillos, mazos y escoplos, no serán bastantes a sacármela de las uñas, ni aún
garras de leones!
Entonces
el gobernador dijo a la mujer:
Mostrad
esa bolsa. Ella se la dio, y el gobernador se la volvió al hombre y dijo a la
mujer:
Hermana
mía, si el mismo aliento y valor que habéis mostrado para defender esta bolsa
le mostrárades para defender vuestro cuerpo, no hubierais yogado con este
hombre.
Comentario: De nuevo la gran perspicacia
de Sancho para calibrar en unos instantes tanto la fuerza física y potencial de
los contendientes como las circunstancias del caso.
Juicio 3 (Adaptado de Parte
II, cap. 51):
El señor y dueño de un puente había puesto este cartel:
“Si
alguno pasare por esta puente de una parte a otra, ha de jurar primero adónde y
a qué va; y si jurare verdad, déjenle pasar; y si dijere mentira, muera por
ello ahorcado en la horca que allí se muestra, sin remisión alguna”.
Sucedió,
pues, que tomando juramento a un hombre, juró y dijo que para el juramento que hacía,
que iba a morir en aquella horca que allí estaba, y no a otra cosa.
Repararon
los jueces en el juramento, y dijeron:
Si a
este hombre lo dejamos pasar libremente, mintió en su juramento, y, conforme a
la ley, debe morir; y si le ahorcamos, él juró que iba a morir en aquella
horca, y, habiendo jurado verdad, por la misma ley debe ser libre.
Pídese
a vuesa merced, señor gobernador, que harán los jueces del tal hombre.
A lo
que respondió Sancho:
“Pues
que están en un fil las razones de condenarle o asolverle, que le dejen pasar
libremente, pues siempre es alabado más el hacer bien que mal, y esto lo diera
firmado de mi nombre, si supiera firmar”.
Comentario: Aquí Sancho debió seguir uno de los consejos de
don Quijote cuando le dijo: “Cuando
pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al
delincuente; que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo. Si
acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino
con el de la misericordia”. II. 43. Lo que evidenciaría la necesidad de que
la misericordia complemente a la justicia.
b) Sus
últimas intervenciones
Y para cerrar el proceso de
transformación moral de Sancho Panza, he
aquí algunos de los hechos y frases pronunciadas en los últimos capítulos de la
novela: Para comenzar, Sancho Panza, entreviendo la ínfima importancia de
gobernar una ínsula, parece burlarse ya
del duque, cuando replica:
—Después que bajé del cielo (montado en
el caballo burlesco de madera), y después
que desde su alta cumbre miré la tierra y la vi tan pequeña, se templó en parte
en mí la gana que tenía de ser gobernador;… Si vuestra señoría fuese servido de
darme una tantica parte del cielo… II.42. Valor:
Prestigio Moral (PM)
Y cuando se hace cargo de la gobernación
de la ínsula, lo primero que dice a uno de los presentes cuando le llama “don
Sancho” es:
Pues advertid,
hermano que yo no tengo don, ni en todo mi linaje lo ha habido. Sancho Panza me
llaman a secas, y Sancho se llamó mi padre, y Sancho mi agüelo, y todos fueron
Panzas, sin añadiduras de dones y donas… II.45. Valor: Justicia Distributiva (JD)
Y en cuanto a las labores de su gobierno:
En siendo hora, vamos a rondar, que es
mi intención limpiar esta ínsula de todo género de inmundicia y de gente
vagamunda, holgazana y mal entretenida; porque quiero que sepáis, amigos, que
la gente baldía y perezosa es en la república lo mesmo que los zánganos en las
colmenas, que se comen la miel que las trabajadoras abejas hacen. II.49. Valor: Justicia Distributiva (JD)
Ahora yo podré poco, o quitaré estas
casas de juego, que a mí se me trasluce que son muy perjudiciales. II.49. Valor: Justicia Distributiva (JD)
Moderó el precio de todo calzado… puso
tasa en los salarios… puso gravísimas penas a los que cantasen cantares
lascivos y descompuestos… Ordenó que ningún
ciego cantase milagro en coplas si no trujese testimonio auténtico de
ser verdadero… Hizo y creó un alguacil de pobres, no para que los persiguiese
sino para que los examinase si lo eran… En resolución: él ordenó cosas tan
buenas que hasta hoy se guardan en aquel lugar, y se nombran ‘Las
constituciones del gran gobernador Sancho Panza’ II.51. Valor: Prestigio Moral (PM).
Y cuando toma la decisión de abandonar la
gobernación (cosa tan poco común hoy día en la política) dice:
Abrid camino, señores míos, y dejadme
volver a mi antigua libertad…Yo no nací para ser gobernador… Mejor se me
entiende a mí arar y cavar, podar y ensarmentar… Bien se está San Pedro en Roma: quiero decir que bien se está cada uno
usando el oficio para que fue nacido. Mejor me está a mí una hoz en la mano que
un cetro de gobernador, más quiero hartarme de gazpachos que estar sujeto a la
miseria de un médico impertinente que me mate de hambre, y más quiero
recostarme a la sombra de una encina en el verano y arroparme con un zamarro de
dos pelos en el invierno, en mi libertad, que acostarme con la sujeción del
gobierno entre sábanas de Holanda y vestirme de martas cebollinas II.53. Valor:
Libertad (L)
Vuestras mercedes se queden con
Dios, y digan al Duque mi señor que desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo
ni gano. Quiero decir, que sin blanca entré en este gobierno, y sin ella salgo,
bien al revés de cómo suelen salir los gobernadores de otras ínsulas. II.53.
Valor: Prestigio Moral (PM)
Todos vinieron en ello, y le
dejaron ir, ofreciéndole primero compañía y todo aquello que quisiese para el
regalo de su persona y para la comodidad de su viaje. Sancho dijo que no quería
más que un poco de cebada para el rucio y medio queso y medio pan para él; que,
pues el camino era tan corto, no había menester mayor ni mejor repostería.
Abrazáronle todos, y él, llorando, abrazó a todos, y los dejó admirados, así de
sus razones como de su determinación tan resoluta y tan discreta. II.54.
Valor: Prestigio Moral (PM).
Y cuando en su
camino de regreso al castillo de los Duques, se encuentra con su antiguo vecino
Ricote el morisco, quien le ofrece riqueza si le ayuda a recuperar el tesoro
que escondió previendo su expulsión de España.
Yo lo hiciera ─respondió Sancho─ pero no soy nada
codicioso; que, a serlo, un oficio dejé yo esta mañana de las manos, donde
pudiera hacer las paredes de mi casa de oro, y comer antes de seis meses en
platos de plata; y, así por esto como por parecerme que haría traición a mi rey
en dar favor a sus enemigos, no fuera contigo, si como me prometes doscientos
ducados, me dieras aquí de contado cuatrocientos. II.54. Valor: Prestigio Moral (PM).
Y cuando Ricote le insiste, no solo desprecia el dinero, sino que
promete no denunciarle, a pesar de que esta acción le duele por ir en contra de la política de su rey:
Ya te he dicho, Ricote ─replicó Sancho─ que no quiero;
conténtate que por mí no serás descubierto, y prosigue en buena hora tu camino,
y déjame seguir el mío… II.54. Valor: Prestigio
Moral (PM).
Acto seguido, con motivo de estar hablando sobre la ínsula cuyo gobierno
acababa de abandonar, Ricote le inquiere sobre qué tipo de gobierno y qué había
ganado con ello, respondiéndole Sancho:
Únicamente el haber conocido que no soy bueno
para gobernar, si no es un hato de ganado…II,54: Valor:
Prestigio Moral
Aleccionador ejemplo de modestia por parte de Sancho después de los
éxitos de su corta gestión como gobernador.
Y cuando, después de tanta conducta ejemplar, cae junto a su rucio en
una profunda sima de la que no ve posibilidad de salir, exclama:
¡Desdichado
de mí, y en que han parado mis locuras y fantasías! De aquí sacarán mis huesos
cuando el cielo sea servido que me descubran, mondos, blancos y raídos, y los
de mi buen rucio con ellos, por donde quizás se echará de ver quien somos, a lo
menos de quienes tuvieren noticia que nunca Sancho Panza se apartó de su asno,
ni su asno de Sancho Panza. Otra vez digo: ¡miserables de nosotros, que no ha
querido nuestra corta suerte que muriésemos en nuestra patria y entre los
nuestros, donde ya que no hallara remedio nuestra desgracia, no faltara quien
dello se doliera y en la última hora de nuestro pasamiento nos cerrara los
ojos! ¡Oh compañero y amigo mío, qué mal pago te he dado de tus buenos
servicios! Perdóname y pide a la fortuna, en el mejor modo que supieres, que
nos saque deste miserable trabajo en que estamos puestos los dos; que yo
prometo de ponerte una corona de laurel en la cabeza, que no parezcas sino un
laureado poeta, y de darte los piensos doblados. II.55. Valor: Prestigio
Moral (PM).
Y cuando regresando finalmente
a su “lugar” contempla de nuevo su
pueblo desde lo alto de una cuesta, exclama:
Abre los ojos, deseada patria, y mira que vuelve a tí Sancho Panza tu hijo…., pero no deja por ello de pensar en su amo
añadiendo a continuación: recibe también
a tu hijo don Quijote, que, si viene vencido de los brazos ajenos, viene
vencedor de sí mismo, que, según él me ha dicho, es el mayor vencimiento que
desearse puede, demostrando una vez más su amor y fidelidad a don Quijote y
su actitud moral al asumir con tanta
naturalidad pensamiento tan profundo.
Y finalmente ante el lecho de muerte de
don Quijote, después de haberle oído que le dejaba una parte de su heredad:
…..tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede
hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le
mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso,
sino levántese desa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos
concertado: quizás tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea
desencantada, que no haya más que ver. Si es que se muere de pesar d¡Ay! ─respondió Sancho,
llorando─: no se muera
vuestra merced, señor mío, sino e verse vencido, écheme a mí la culpa, diciendo
que por haber cinchado mal a Rocinante le derribaron; cuanto más, que vuestra
merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria derribarse
unos caballeros a otros, y el que es vencido hoy ser vencedor mañana. Parte II, último cap.
Don Miguel de Unamuno (1914) preguntó al
lector si no le daban ganas de llorar ante los lamentos de don Quijote por no
poder contemplar la belleza de su amada Dulcinea a la salida del Toboso;
precisamente él que le tenía consagrada su
vida y su aventura, mientras que otros como Sancho sí gozaban de su
visión. La misma pregunta podría hacerse ante estas últimas acciones y
pensamientos del humilde escudero, pues pocas veces pueden llegar tan al corazón expresiones y actos tan nobles,
doloridos y auténticos como los de Sancho Panza en los últimos capítulos de la
novela. Y si muchos han diferenciado la
prosa personificada por Sancho y la poesía noblemente representada por don
Quijote, al final de la aventura se cambian los papeles, porque es don Quijote
quien representa la prosa (la cordura
en su muerte), mientras que Sancho termina elevándose hacia la poesía (su llamada a una nueva
aventura).
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