jueves, 26 de marzo de 2015




Momentos estelares de Sancho Panza en el Quijote
por Francisco Parra Luna  
 
             En la inmensa literatura existente sobre el Quijotye, el protagonista absoluto suele ser el hifdalgoEn principio, es el personaje de don Quijote quien parece llevar la voz cantante en lo que al mensaje moral se refiere. Pero, ¿y Sancho Panza? ¿Qué decir de ese pueblerino, simple, analfabeto, interesado sólo en mejorar su suerte y la de su familia, pero a quien don Quijote embauca con promesas de toda índole, entre ellas la de hacerle gobernador de alguna ínsula? Hay que decir que comienza poniendo en las aventuras el sentido común que le falta a don Quijote; que él sigue pensando en la comida, en las monedas que se encuentra en Sierra Morena, en los pollinos que le ofrece don Quijote y sobre todo en ocupar un día el cargo de gobernador, o de conde, donde poder ganar dinero y privilegios para hacer que su mujer y su hija Sanchica sean también condesas o algo parecido. En la primera parte de la novela Sancho nunca renuncia a esta promesa que recuerda constantemente a don Quijote.
      Pero conforme va avanzando el relato, y una vez que parece haber  experimentado lo que es comer abundantemente (bodas de Camacho, casa del caballero del Verde Gabán, castillo de los Duques…), el pensamiento de Sancho se va tornando más y más desprendido, produciéndose así lo que muchos autores han llamado la quijotización de Sancho, hasta el punto en que llega incluso a superar en espiritualidad a su maestro. En términos de valores se aprecia una evolución de su pensamiento, que va desde sus intereses más materiales por mejorar su humilde condición, llevar sustento a su familia, obcecarse con ser gobernador o conde, e incluso estar dispuesto a vender los esclavos negros que pudieran corresponderle en propiedad por tales cargos, a pasar gradualmente al abandono de estas apetencias materialistas para centrarse, como bien han reflejado los recuentos de frases anteriores, en los valores del Conocimiento (indagar sobre la verdad de las cosas), de Justicia Distributiva (no permitir que la sinrazón triunfe en perjuicio de los demás) y sobre todo, del Prestigio Moral (va abandonando todo sentimiento de egoísmo material para invocar y ejecutar actos verdaderamente sublimes como cuando  propone a don Quijote abandonar la caballería andante para  “ser santos”, o cuando ruega, ya moribundo su señor, que no se muera (aunque ello le impediría recibir la parte de herencia prometida.). Sancho se quijotiza de tal modo que termina superando quizá a don Quijote en nobleza y desinterés, y se podría hablar de un Sancho I y de un Sancho II con el paso de la novela.
      Merece, pues, que nos detengamos en lo que hemos llamado  “momentos estelares” de Sancho Panza, divididos en dos apartados:
a) los juicios como “gobernador” y
b) sus últimas intervenciones en la novela.
      Porque a fe que merece la pena releerlos y recordarlos, tal es la sorprendente transformación ocurrida en su interior, su sentido de la justicia y la intensa y elevada generosidad que emana de su corazón de labriego. Y porque es en los últimos capítulos donde Sancho se engrandece hasta límites insospechados. Quizás sea Menéndez Pelayo (1941) quien mejor expresa el cambio acaecido: Sancho no es solamente el coro humorístico que acompaña a la tragicomedia humana; es algo mayor y mejor que esto, es un espíritu redimido y purificado del fango de la materia por don Quijote: es el primero y mayor triunfo del ingenioso hidalgo, es la estatua moral que van labrando sus manos sobre materia tosca y rudísima, a la cual le comunica el soplo de la inmortalidad.
a)         Los juicios como gobernador
      Se comienza por tres de los juicios que Sancho Panza dilucidó como gobernador de la ínsula Barataria.
Juicio 1 (Adaptado de Parte II, capítulo 45)
Señor Gobernador, a este hombre le presté diez escudos de oro para que me los devolviese cuando se los pidiese.
Dice que me los ha vuelto, pero no es cierto.
¿Qué decís vos a esto, buen viejo del báculo?, dijo Sancho.
Yo, señor, confieso que me los prestó, pero juraré que se los he devuelto.
Y en tanto, el viejo del báculo decía esto, dio el báculo al prestador para que se le tuviese mientras juraba solemnemente.
Viendo lo cual el prestador creyó que el del báculo decía la verdad porque le tenía por hombre de bien.
Devolvió el báculo al viejo, y bajando la cabeza iba a salir del juzgado.
Visto lo cual, Sancho dijo al del báculo: Dadme, buen hombre, ese báculo.
De muy buena gana –respondió el viejo.
Tomole Sancho, y dándosele al prestador, le dijo: Andad con Dios, que vais pagado.
¿Pero señor?, respondió el prestador ¿vale esta caña los escudos de oro?
Sí, dijo el gobernador.
Y mandó que allí delante de todos se rompiese y abriese la caña.
Hízose así, y en el corazón della hallaron diez escudos de oro.
      Comentario: Obsérvese la sorprendente capacidad psicológica de Sancho para captar en unos segundos que el hecho de entregar innecesariamente el báculo al mismo prestador por el solo hecho de jurar, encerraba la argucia de no poder ser acusado de jurar en falso pero sin por ello devolver los escudos.
Juicio 2 (Adaptado de Parte II, capítulo 45):
Entró en el juzgado una mujer, dando grandes voces diciendo: ¡Justicia, señor gobernador! Este mal hombre me ha cogido en la mitad dese campo y se ha aprovechado de mi cuerpo.
Sancho le preguntó al hombre qué respondía.
Señor, volvíame a mi aldea cuando topé en el camino con esta buena dueña, y el diablo, que todo lo añasca, hizo que yogásemos juntos, paguéle lo suficiente, y ella malcontenta, no me ha dejado hasta traerme aquí.
Sancho preguntó al hombre si traía consigo dinero. Él dijo que veinte ducados en una bolsa. Sancho mandó que la entregase a la mujer. Tomola la mujer y haciendo mil zalemas a todos con esto se salió del juzgado.
Apenas salió cuando Sancho dijo al hombre: id tras ella, quitadle la bolsa, y volved aquí.
De allí a poco volvieron el hombre y la mujer, asidos y aferrados. ¡Justicia de Dios y del mundo! Mire, señor gobernador, que me ha querido quitar la bolsa que vuesa merced mandó darme.
¿Y háosla quitado?
¿Cómo quitar? Antes me dejara yo quitar la vida que me quiten la bolsa. ¡Tenazas y martillos, mazos y escoplos, no serán bastantes a sacármela de las uñas, ni aún garras de leones!
Entonces el gobernador dijo a la mujer:
Mostrad esa bolsa. Ella se la dio, y el gobernador se la volvió al hombre y dijo a la mujer:
Hermana mía, si el mismo aliento y valor que habéis mostrado para defender esta bolsa le mostrárades para defender vuestro cuerpo, no hubierais yogado con este hombre.
      Comentario: De nuevo la gran perspicacia de Sancho para calibrar en unos instantes tanto la fuerza física y potencial de los contendientes como las circunstancias del caso.
Juicio 3 (Adaptado de Parte II, cap. 51):
El señor y dueño de un puente había puesto este cartel:
“Si alguno pasare por esta puente de una parte a otra, ha de jurar primero adónde y a qué va; y si jurare verdad, déjenle pasar; y si dijere mentira, muera por ello ahorcado en la horca que allí se muestra, sin remisión alguna”.
Sucedió, pues, que tomando juramento a un hombre, juró y dijo que para el juramento que hacía, que iba a morir en aquella horca que allí estaba, y no a otra cosa.
Repararon los jueces en el juramento, y dijeron:
Si a este hombre lo dejamos pasar libremente, mintió en su juramento, y, conforme a la ley, debe morir; y si le ahorcamos, él juró que iba a morir en aquella horca, y, habiendo jurado verdad, por la misma ley debe ser libre.
Pídese a vuesa merced, señor gobernador, que harán los jueces del tal hombre.
A lo que respondió Sancho:
“Pues que están en un fil las razones de condenarle o asolverle, que le dejen pasar libremente, pues siempre es alabado más el hacer bien que mal, y esto lo diera firmado de mi nombre, si supiera firmar”.
      Comentario: Aquí  Sancho debió seguir uno de los consejos de don Quijote cuando le dijo: “Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente; que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo. Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia”. II. 43. Lo que evidenciaría la necesidad de que la misericordia complemente a la justicia.
b)           Sus últimas intervenciones
      Y para cerrar el proceso de transformación moral de Sancho Panza, he aquí algunos de los hechos y frases pronunciadas en los últimos capítulos de la novela: Para comenzar, Sancho Panza, entreviendo la ínfima importancia de gobernar una ínsula,  parece burlarse ya del duque, cuando replica:
Después que bajé del cielo (montado en el caballo burlesco de madera), y después que desde su alta cumbre miré la tierra y la vi tan pequeña, se templó en parte en mí la gana que tenía de ser gobernador;… Si vuestra señoría fuese servido de darme una tantica parte del cielo… II.42. Valor: Prestigio Moral (PM)
      Y cuando se hace cargo de la gobernación de la ínsula, lo primero que dice a uno de los presentes cuando le llama “don Sancho” es:
Pues advertid, hermano que yo no tengo don, ni en todo mi linaje lo ha habido. Sancho Panza me llaman a secas, y Sancho se llamó mi padre, y Sancho mi agüelo, y todos fueron Panzas, sin añadiduras de dones y donas… II.45. Valor: Justicia Distributiva (JD)
      Y en cuanto a las labores de su gobierno:
En siendo hora, vamos a rondar, que es mi intención limpiar esta ínsula de todo género de inmundicia y de gente vagamunda, holgazana y mal entretenida; porque quiero que sepáis, amigos, que la gente baldía y perezosa es en la república lo mesmo que los zánganos en las colmenas, que se comen la miel que las trabajadoras abejas hacen. II.49. Valor: Justicia Distributiva (JD)
Ahora yo podré poco, o quitaré estas casas de juego, que a mí se me trasluce que son muy perjudiciales. II.49. Valor: Justicia Distributiva (JD)
Moderó el precio de todo calzado… puso tasa en los salarios… puso gravísimas penas a los que cantasen cantares lascivos y descompuestos… Ordenó que ningún  ciego cantase milagro en coplas si no trujese testimonio auténtico de ser verdadero… Hizo y creó un alguacil de pobres, no para que los persiguiese sino para que los examinase si lo eran… En resolución: él ordenó cosas tan buenas que hasta hoy se guardan en aquel lugar, y se nombran ‘Las constituciones del gran gobernador Sancho Panza’ II.51. Valor: Prestigio Moral (PM).
      Y cuando toma la decisión de abandonar la gobernación (cosa tan poco común hoy día en la política) dice:
Abrid camino, señores míos, y dejadme volver a mi antigua libertad…Yo no nací para ser gobernador… Mejor se me entiende a mí arar y cavar, podar y ensarmentar… Bien se está San Pedro en Roma: quiero decir que bien se está cada uno usando el oficio para que fue nacido. Mejor me está a mí una hoz en la mano que un cetro de gobernador, más quiero hartarme de gazpachos que estar sujeto a la miseria de un médico impertinente que me mate de hambre, y más quiero recostarme a la sombra de una encina en el verano y arroparme con un zamarro de dos pelos en el invierno, en mi libertad, que acostarme con la sujeción del gobierno entre sábanas de Holanda y vestirme de martas cebollinas II.53. Valor: Libertad (L)
Vuestras mercedes se queden con Dios, y digan al Duque mi señor que desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano. Quiero decir, que sin blanca entré en este gobierno, y sin ella salgo, bien al revés de cómo suelen salir los gobernadores de otras ínsulas. II.53. Valor: Prestigio Moral (PM)
Todos vinieron en ello, y le dejaron ir, ofreciéndole primero compañía y todo aquello que quisiese para el regalo de su persona y para la comodidad de su viaje. Sancho dijo que no quería más que un poco de cebada para el rucio y medio queso y medio pan para él; que, pues el camino era tan corto, no había menester mayor ni mejor repostería. Abrazáronle todos, y él, llorando, abrazó a todos, y los dejó admirados, así de sus razones como de su determinación tan resoluta y tan discreta. II.54. Valor: Prestigio Moral (PM).
      Y cuando en su camino de regreso al castillo de los Duques, se encuentra con su antiguo vecino Ricote el morisco, quien le ofrece riqueza si le ayuda a recuperar el tesoro que escondió previendo su expulsión de España.
Yo lo hiciera respondió Sancho pero no soy nada codicioso; que, a serlo, un oficio dejé yo esta mañana de las manos, donde pudiera hacer las paredes de mi casa de oro, y comer antes de seis meses en platos de plata; y, así por esto como por parecerme que haría traición a mi rey en dar favor a sus enemigos, no fuera contigo, si como me prometes doscientos ducados, me dieras aquí de contado cuatrocientos. II.54. Valor: Prestigio Moral (PM).
      Y cuando Ricote le insiste, no solo desprecia el dinero, sino que promete no denunciarle, a pesar de que esta acción le duele  por ir en contra de la política de su rey:
Ya te he dicho, Ricote replicó Sancho que no quiero; conténtate que por mí no serás descubierto, y prosigue en buena hora tu camino, y déjame seguir el mío… II.54. Valor: Prestigio Moral (PM).
      Acto seguido, con motivo de estar hablando sobre la ínsula cuyo gobierno acababa de abandonar, Ricote le inquiere sobre qué tipo de gobierno y qué había ganado con ello, respondiéndole Sancho:
 Únicamente el haber conocido que no soy bueno para gobernar, si no es un hato de ganado…II,54: Valor: Prestigio Moral
      Aleccionador ejemplo de modestia por parte de Sancho después de los éxitos de su corta gestión como gobernador.
      Y cuando, después de tanta conducta ejemplar, cae junto a su rucio en una profunda sima de la que no ve posibilidad de salir, exclama:
¡Desdichado de mí, y en que han parado mis locuras y fantasías! De aquí sacarán mis huesos cuando el cielo sea servido que me descubran, mondos, blancos y raídos, y los de mi buen rucio con ellos, por donde quizás se echará de ver quien somos, a lo menos de quienes tuvieren noticia que nunca Sancho Panza se apartó de su asno, ni su asno de Sancho Panza. Otra vez digo: ¡miserables de nosotros, que no ha querido nuestra corta suerte que muriésemos en nuestra patria y entre los nuestros, donde ya que no hallara remedio nuestra desgracia, no faltara quien dello se doliera y en la última hora de nuestro pasamiento nos cerrara los ojos! ¡Oh compañero y amigo mío, qué mal pago te he dado de tus buenos servicios! Perdóname y pide a la fortuna, en el mejor modo que supieres, que nos saque deste miserable trabajo en que estamos puestos los dos; que yo prometo de ponerte una corona de laurel en la cabeza, que no parezcas sino un laureado poeta, y de darte los piensos doblados. II.55. Valor: Prestigio Moral (PM).
      Y cuando regresando finalmente a su “lugar”  contempla de nuevo su pueblo desde lo alto de una cuesta, exclama: Abre los ojos, deseada patria, y mira que vuelve a tí Sancho Panza tu hijo…., pero no deja por ello de pensar en su amo añadiendo a continuación: recibe también a tu hijo don Quijote, que, si viene vencido de los brazos ajenos, viene vencedor de sí mismo, que, según él me ha dicho, es el mayor vencimiento que desearse puede, demostrando una vez más su amor y fidelidad a don Quijote y su actitud  moral al asumir con tanta naturalidad pensamiento tan profundo.
      Y finalmente ante el lecho de muerte de don Quijote, después de haberle oído que le dejaba una parte de su heredad:
…..tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso, sino levántese desa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado: quizás tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencantada, que no haya más que ver. Si es que se muere de pesar d¡Ay!  respondió Sancho, llorando: no se muera vuestra merced, señor mío, sino e verse vencido, écheme a mí la culpa, diciendo que por haber cinchado mal a Rocinante le derribaron; cuanto más, que vuestra merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria derribarse unos caballeros a otros, y el que es vencido hoy ser vencedor mañana. Parte II, último cap.
      Don Miguel de Unamuno (1914) preguntó al lector si no le daban ganas de llorar ante los lamentos de don Quijote por no poder contemplar la belleza de su amada Dulcinea a la salida del Toboso; precisamente él que le tenía consagrada su  vida y su aventura, mientras que otros como Sancho sí gozaban de su visión. La misma pregunta podría hacerse ante estas últimas acciones y pensamientos del humilde escudero, pues pocas veces pueden llegar tan al  corazón expresiones y actos tan nobles, doloridos y auténticos como los de Sancho Panza en los últimos capítulos de la novela. Y si muchos han diferenciado  la prosa personificada por Sancho y la poesía noblemente representada por don Quijote, al final de la aventura se cambian los papeles, porque es don Quijote quien representa la prosa (la cordura en su muerte), mientras que Sancho termina elevándose hacia la poesía (su llamada a una nueva aventura).

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