jueves, 26 de marzo de 2015

¿POR QUÉ CERVANTES HACE SALIR A DON QUIJOTE Y SANCHO PANZA DEL CAMPO DE MONTIEL, Y MÁS CONCRETAMENTE DE VILLANUEVA DE LOS INFANTES?



¿POR QUÉ CERVANTES HACE SALIR  A DON QUIJOTE Y SANCHO PANZA DEL CAMPO DE MONTIEL, Y MÁS CONCRETAMENTE DE VILLANUEVA DE LOS INFANTES?

      Este trabajo da por demostrado que don Quijote y Sancho Panza salieron novelísticamente del Campo de Montiel  y más precisamente de Villanueva de los Infantes, demostración un tanto tardía que no debe ser achacada a desatención por parte del cervantismo, sino simplemente a la no intervención de los necesarios equipos multi o interdisciplinares(1) . Salvo alguna mención aclaratoria de pasada, la confirmación, pues,  de estos dos hechos literarios que se refieren a la pequeña patria de don Quijote y Sancho Panza, no será aquí el problema (1a).
      El problema será llegar a entrever por qué Cervantes  escoge el Campo de Montiel y Villanueva de los Infantes y no otras comarcas y pueblos más o menos semejantes que conoció. Y si los argumentos que se adelantan aquí no resultaran convincentes, mejor todavía, porque eso indicaría que sigue abierta esa interesante línea de investigación que nos llevaría a comprender el porqué de la decisión de Cervantes.
      Pero conviene comenzar recordando la enorme importancia y prestigio que la novela “El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha” tiene en el mundo actual.   ¿Por qué hacerlo si es cosa sabida? . Por dos razones: Primera, porque si el objeto explicado es importante, la explicación que se proporcione debería resultar consecuente en calidad explicativa. Y segunda, porque si se diera una respuesta válida a las dos preguntas  que refleja el título, quizás comprenderíamos mejor  los motivos que tuvo Cervantes,  tanto para hacer salir sus protagonistas del Campo de Montiel, como para tratar de esconder el pueblo preciso (Villanueva de los Infantes) de donde partieron.
      Para recordar la importancia del Quijote, bastarán algunas muestras aportadas por el diplomático J. Cuenca ( 2 ) obtenidas de sus distintas lecturas y experiencias europeas ponderando la excepcional calidad literaria del Quijote por autores que van desde los ingleses Edgar Allison Peears o John Bowle, hasta los rusos Turgeniev, Lomonosov o Dostoyevky, pasando por los alemanes Goethe o Heine, o por el suizo Simon de Sismondi. Son, según Cuenca,  sólo algunas muestras de la fama y consideración de las que El Quijote comenzó a gozar en Europa, por no extendernos a América, empezando por la hispana, y el resto del mundo. ¿Cómo es posible que Cervantes –se preguntaba Ernesto Sábato en el X Coloquio Cervantino de Guanajauto– habiéndose propuesto una regocijante novela haya finalmente escrito la gran parábola de la condición humana?
      Se podrían, pues, llenar varios centenares  de páginas con solo informar del año, título de la obra, autor o autores, y editorial, si se deseara dar cuenta de las traducciones y reimpresiones que ha tenido la novela de Cervantes hasta la fecha. Y esto por no hablar de obras teatrales, películas, partituras de música y ballet, pinturas, dibujos, esculturas, tapices, mosaicos, etc., o del número de festivales, congresos, ferias y encuentros organizados con su motivo. El documento Mito y Legado del Quijote (2006) ofrece un magnífico panorama de la repercusión cultural del Quijote en el mundo.
       Y por ceñirnos a la iconografía del Quijote, el llamado Banco de imágenes del Quijote:1605-1905 (www.qbi2005.com) según reseña J.M. Lucía Mejías, contiene 8869 imágenes catalogadas, presentando este autor 41 imágenes solamente al acto de investidura de don Quijote como caballero. Ver (3a).
      Finalmente, y a petición del Norwegian Book Club, se realizó una lista en 2002 con las mejores obras literarias de la historia mediante el voto de 100 grandes escritores de 54 nacionalidades distintas, partiendo las obras de estricto orden alfabético para que no prevaleciese ninguna obra sobre otra, resultando el Don Quixote, quien  encabezó la lista siendo citado como el mejor trabajo literario jamás escrito. No es por nada que sea el libro más editado y traducido de la Historia, solo superado por la Biblia.
      Pero ¿cómo se explican elogios tan generalizados en todo el mundo?, ¿qué profundidad encierra la novela del Ingenioso Hidalgo y además captable a pesar de las diferencias culturales, para lograr este acuerdo? En este momento resulta inevitable echar mano del análisis realizado y todavía no publicado sobre el ”sistema de valores” que se encuentra implícito en el comportamiento de don Quijote y Sancho Panza. Un sistema axiológico  que se decanta claramente por los valores de Justicia Distributiva, Conocimiento, Libertad y Prestigio Moral, frente a los menos valorados de Salud, Riqueza Material, Seguridad, Conservación de la Naturaleza y Calidad de las Actividades dentro del llamado “Patrón Referencial de Valores Universales” cuyo esquema teórico y correspondiente balance de posibilidades operativas puede verse en F. Parra Luna (2001) (3b).
      Filosofía quijotesca (3c) que en pocas palabras viene a representar la trascendencia de lo espiritual frente al hedonismo de las comodidades materiales, aunque mantenida hasta el punto de hacer perder la cabeza a sus protagonistas y al coste de caer en el ridículo y la violencia. Algo así como Jesucristo (Prestigio Moral) y Carlos Marx (Justicia Distributiva) caminando juntos en busca de aventuras. Y es desde esta perspectiva axiológica como habría que valorar lo que pudieran haber aportado tanto el Campo de Montiel como Villanueva de los Infantes a la elaboración del Quijote.
      Conscientes de esta importancia, recordemos, pues, en qué espacio geográfico se desarrolla y de qué tipo de medio socioeconómico salen sus protagonistas, de lo que podría deducirse esa correspondencia siempre buscada entre la obra, el autor y su medio, o al menos entre los fines y comportamiento de los protagonistas (en este caso don Quijote y Sancho Panza) y las necesidades materiales y espirituales del medio ambiente campomontieleño y manchego.(4).
      Y enseguida surgen dos preguntas básicas: ¿tenía Cervantes ya preconcebida la idea de crear un don Quijote junto a un Sancho Panza y buscó una comarca que con las características del Campo de Montiel los pudiera explicar?; ¿o fue el conocimiento del Campo de Montiel lo que le dio la idea?. Cualquiera que sea la respuesta, el Campo de Montiel en general y Villanueva de los Infantes en particular tienen un inevitable protagonismo  asegurado, y hasta podría decirse  la “responsabilidad” (la obligación de responder a las expectativas de Cervantes) de haber dado al mundo una historia como la del Ingenioso Hidalgo. No resulta baladí por tanto indagar sobre el tema.

El Campo de Montiel
      Imprescindible resultará para ello centrarse en conocer las características más básicas de este territorio concreto.  Así, dentro de la región central conocida como  “La Mancha” en aquella España que se encontraba al filo de los siglos XVI y XVII, Cervantes se fijó en una pequeña área de tierra llamada “Campo de Montiel”, situada al sureste de la provincia de Ciudad Real, lindando con Jaén y Albacete,  de una extensión de  no más de 3.000 kms cuadrados, compuesta por unos 23 pueblos y aldeas y con no más de unos 6.500 vecinos o 26.000 habitantes. Es decir, casi tal como permanece en 2013.
      Recordemos que Cervantes se cuida en reiterarlo en la novela a través de las siguientes cinco menciones (4a) que no sobra destacar para mayor seguridad del discurso:

1.    Don Quijote de la Mancha, de quien en opinión de todos los habitadores del campo de Montiel que fue el más casto enamorado y más valiente caballero que muchos años a esta parte se vió en aquellos contornos (Prólogo de la Primera Parte).
2.    Y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel. (Primera Parte, capítulo II)
3.     Y era la verdad que por él caminaba (Primera Parte, capítulo II).
4.    Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino, que él había tomado en su primer viaje, que fue por el Campo de Montiel por el cual caminaba (Primera Parte, capítulo VII).
5.    Y pongan los ojos en las que están por venir, que desde agora en el camino del Toboso comienzan, como las otras comenzaron en los campos de Montiel (Segunda Parte, capítulo VIII) (5)
       Y también surgen enseguida las segundas preguntas:  ¿por qué  Cervantes pregona  de tal forma  la comarca y esconde el pueblo concreto de donde salen don Quijote y Sancho Panza a través de su famoso “de cuyo nombre no quiero acordarme..”?   ¿Qué tenía ese pueblo para que Cervantes lo escondiera de forma tan notoria?  ¿Lo hizo así porque el pueblo no le gustó? ,¿fue porque no quiso darle la misma importancia que al Campo de Montiel, o  por el contrario para encubrirlo de misterio y darle mayor importancia y gloria cuando se descubriera?  ¿O simplemente lo veló por puro plan bromista y solo para poder llamar a su localización precisa como hace al final de la novela, elaborando esa especie de “acertijo-desafío” al que me referiré más adelante?  De ser correcta esta última interpretación,  lo que Cervantes pareció perseguir fue  un cierto y avieso “divertimento” (dadas las dificultades presumibles para encontrar el pueblo)  al tiempo que se le ocurrió hacer sudar la gota gorda al lector llamándole a participar de alguna manera en su aventura narrativa. Parece como si Cervantes nos dejara dicho: el Quijote está inacabado, y vosotros, lectores, lo vais a tener que terminar comenzando por descubrir ese “lugar de la Mancha” del que por algo no quise acordarme.
      Y sería por esta última razón  por la que Cervantes jugaría con el lector ofreciéndole, primero información deslavazada y contradictoria mediante una serie de  expresiones adverbiales e imprecisas sin validez suficiente para llegar a  conclusión alguna (6); y segundo, y  en paralelo, información rigurosa y válida por cuantificada, suficiente para localizar el pueblo de donde salen sus personajes. Que por cierto no otra cosa  cabía esperar de Cervantes dada su petición expresa  al final de la novela para que se descubriera el “lugar”. Cervantes lía y deslía así esta cuestión en su relato como única manera de que el proyectado “acertijo-desafío” tuviera el esperado sentido.
      Asumido que Cervantes emplea esta “estrategia juguetona”, se cuida entonces de cuantificar, aunque casi siempre de forma poco precisa, las tardanzas en días desde tres sitios geográficos concretos hasta  el pueblo de donde salen don Quijote y Sancho Panza  o “lugar de la Mancha”.  Sitios que Cervantes fija en: a)  Puerto Lápice (provincia de Ciudad Real); b)  el sitio donde don Quijote hace penitencia en Sierra Morena (justo en el límite de las provincias de Ciudad Real y Jaén, en las proximidades del pantano de El Jándula); y c) El Toboso (provincia de Toledo) . Por lo tanto se trata de dos pueblos conocidos y de un punto en Sierra Morena que Cervantes sitúa a ocho leguas de Almodóvar del Campo y a más de treinta de El Toboso, y ya situado en Andalucía, luego punto geográfico perfectamente ubicable (7).Y es desde estas tres coordenadas concretas, incontestables con el texto de la novela en la mano, de donde surge el centro geográfico casi exacto del Campo de Montiel y concretamente Villanueva de los Infantes como ese “lugar de la Mancha” de cuyo nombre no quiso acordarse, soportado éste último además por otras razones complementarias de orden cualitativo(8). 
      Se da, además, la circunstancia de que el descubrimiento de esta villa como el tan traído y llevado “lugar” es lo que precisamente permite certificar a qué Campo de Montiel se refería Cervantes, el cual ya no puede ser otro que el “antiguo y conocido” que se componía de los siguientes pueblos y aldeas:
Alcubillas, La Solana, La Membrilla, Torrenueva, El Castellar de Santiago, Torre de Juan Abad, Villamanrique, Almedina, La Puebla del Príncipe, Terrinches, Albaladejo, Cózar, La Ossa de Montiel, Villahermosa, Fuenllana, Alhambra, Ruidera, Montiel y Villanueva de los Infantes. Aldeas: Carrizosa (de Alhambra); y Torres, Cañamares y Santa Cruz de los Cáñamos (de Montiel). A las que hay que añadir la histórica Villanueva de la Fuente y la moderna San Carlos del Valle. Hoy, como se sabe, Carrizosa y Santa Cruz de los Cáñamos son villas y no aldeas. Dado que Cañamares y Torres han desaparecido, serían, en total, veintitrés los pueblos actuales involucrados en la aventura quijotesca.
      El descubrimiento de Villanueva de los Infantes como “lugar de la Mancha” deja  entonces sin efecto cualquier discusión sobre qué extensión o límites se atribuían al Campo de Montiel en tiempos de Cervantes ( 9 ), al tiempo que hace todavía más apasionante el conocer los motivos que pudo tener  Cervantes para decidir que don Quijote y Sancho Panza salieran, primero de este “antiguo y conocido Campo de Montiel” y después, y  aunque más veladamente, de Villanueva de los Infantes.
¿Por qué el Campo de Montiel?
     ¿Qué razones pudieron mover pues  a Cervantes,  para situar el origen de los principales personajes de su famosa novela en este Campo?  ¿Qué méritos o deméritos presentaba?  ¿Acaso era el territorio que mejor conocía? En principio puede costar trabajo discernir el porqué, ya que no resulta fácil diferenciar suficientemente esta comarca de otras muchas  en España que también podrían haber sido escenario apropiado para las aventuras de don Quijote y Sancho Panza como p..e., La Sagra en Toledo, el Campo de Calatrava  en la misma Ciudad Real, la campiña cordobesa, o incluso una tierra como la de Campos en Valladolid. También pudo situar Cervantes el origen de  sus personajes en la Andalucía que conoció bien como en Castro del Rio o en Sevilla donde estuvo encarcelado; o en la Lisboa de Felipe II donde permaneció una temporada; o en Esquivias (Toledo) donde contrajo matrimonio y vivió; o en Alcalá de Henares, su lugar de nacimiento; o en Madrid donde estudió y finalmente murió. Y concretamente los campos andaluces se los recorrió de cabo a rabo durante más de diez años.
      Sin embargo en ninguno de estos sitios ubicó la primera aparición de sus dos famosos personajes  ¿Por qué? La mayor parte de los autores, en particular aquellos que como Tomás López ( 10  ) iniciaron tempranamente el tema de los mapas y rutas del Quijote, no se formularon demasiadas preguntas al respecto y se limitaron a trazar recorridos más o menos fundados en base al relato de la novela y centrándose principalmente en el amplio territorio que respondía al nombre de  “La Mancha”. El estudioso y experto en geografía Fermín Caballero (11) por ejemplo, pareció considerar muy apropiada la llanura manchega dado que “no hay caminos porque toda ella es un camino”, y en cuyos páramos resultaban perfectamente imaginables las aventuras de don Quijote y Sancho Panza.
      Sin embargo, apenas se ven en la literatura cervantista sobre El Quijote menciones específicas al Campo de Montiel. ¿Cómo es ello posible si precisamente Cervantes lo repite hasta en las cinco ocasiones reseñadas?. Cabe el honor de haber destacado esta circunstancia a  Rodriguez Castillo ( 11a ) quien ha sido de los primeros, si no el primero, en destacar que don Quijote “caminaba por el Campo de Montiel”. Pero dejando al margen este olvido generalizado en la mayor parte de los autores, y por lo que se sabe hasta el momento, los héroes de la novela ciertamente salieron e iniciaron sus primeras correrías por el “viejo y conocido Campo de Montiel”.”. Por lo tanto, siquiera sea por mera curiosidad, resulta preciso profundizar en los motivos que pudo tener Cervantes para fijarse tan reiteradamente (tanto por sus frases como por sus medidas) en el Campo de Montiel y en Villanueva de los Infantes.
¿Qué ofrece el Campo de Montiel?
      En apariencia no mucho, pero en  verdad no poco. Porque aparte de haber sido importante tierra de paso desde la época romana (confluyen cinco caminos históricos), el pueblo de Montiel que le da nombre, ya fue cabeza de Encomienda durante los siglos XI a XV, y en particular nada menos que testigo del cambio de dinastía de los Borgoña a los Trastámara por la muerte de Pedro I el Cruel en 1369 en el pueblo llamado Montiel. Y en tanto que comarca “Campo de Montiel” no hay que olvidar ciertas figuras señeras  del arte como Jorge Manrique o Yañez de Almedina  entre otros, al tiempo que ofrece  la singularidad de un terreno que, aparte su variedad y colorido,  presenta dos claros contrastes: el humedal de las lagunas de Ruidera frente a la resequez del resto; y la llanura general de su territorio frente a lo escarpado del sur. Extremos que bien podrían haber dado pie a configurar dos personalidades diferentes: una tan escarpada y complicada como la de don Quijote y otra tan plana y simple como la de Sancho Panza.
      Qué duda cabe que el Campo de Montiel presenta una belleza indiscutible como la canta p.e. Salvador Dueñas capaz de conmovernos y deleitarnos con sus descripciones paisajísticas. Sin embargo no parece que fuera esta la belleza que más impresionara a Cervantes, sino más bien la espiritual emanada de sus intelectuales, guerreros y preclaros hombres de iglesia. Pero, sobre todo, podría haber jugado un papel decisivo el comportamiento de sus gentes en general, desde Membrilla hasta Albaladejo y desde Castellar a la Ossa, gentes que se caracterizan, posiblemente en un grado más alto que las demás dentro de España y de La Mancha, por claros rasgos de austeridad (seguramente obligados por la pobreza de la tierra); de religiosidad (por ser tierra de conventos); de hidalguía (como tierra de hidalgos, terratenientes y nobles); y en particular por su seriedad y el reconocido  valor de su palabra donde siempre se tuvo por ley. Los polvorientos caminos por donde transitaban para ganarse la vida sus naturales, bien podrían haber inspirado a Cervantes el conocido deambular sin horizontes precisos de don Quijote y Sancho Panza ( 11 ). Por eso el espíritu emanado de esta campiña, lo expresa bien uno de sus hijos, el ilustre fuenllanero Antonio Rodríguez Huescar cuando escribe:
El alma del Campo de Montiel tiene sed, tiene fiebre. Su secular modorra, lo mismo que sus momentáneas exultaciones, fruto son de la calentura milenaria en que arde y se consume, postrada sobre su gleba desnuda y ardiente. El alma del hombre de Montiel es todavía, y seguirá siéndolo mientras no varíe la última estructura de su sistema reactivo, un alma quijotesca. O, si se prefiere, el alma de Don Quijote es una quintaesencia del alma montielense. ….”·(13)
      De hecho no es difícil entrever un cierto paralelismo entre los cuatro grandes “valores” potenciados en el Quijote (Prestigio Moral, Justicia Distributiva, Libertad y Conocimiento) de un lado; y de otro los que se desprenden tanto de la población campomontieleña (cultura religioso-caballeresca, austeridad material y valor de la palabra); de sus personalidades en la época como Jorge Manrique, Yañez de Almedina y otros ubicados en Villanueva de los Infantes como se verá (todos ellos, sin duda, tras los cuatro valores mencionados del Quijote) y finalmente del propio campo geográfico donde prevalece la llanura y la resequez que invitan más a las aventuras espirituales que a las mundanas. Quizás sea difícil encontrar un trozo de tierra en España de menos de 3000 kms. cuadrados que presente este inventario de circunstancias. Esto no daría derecho a decir que el Quijote está inspirado principalmente en el Campo de Montiel, pero se le va aproximando mucho.
      Si estas apreciaciones son suficientes  o no para explicar la decisión de Cervantes de fijarse en el Campo de Montiel ya lo dirán los cervantistas y biógrafos avezados en el análisis de su vida y obra. Pero para mí que esta relación entre Cervantes y el alma profunda del Campo de Montiel daría  pie a diversos análisis de gran interés explicativo.
      Al menos se puede adelantar ya la siguiente conjetura: Hoy, con motivo del proyecto llamado “Campo de Montiel-Unesco de 2013”, han aparecido una serie de personas y hechos ciertamente tan notables como sorprendentes que parecerían estar sacudiéndose esa “secular modorra” a la que se refiere Rodríguez Huescar, y cuyo potencial seguramente no pasó desapercibido a ese fino observador que fue Cervantes sugiriéndole traspasar esas características a sus dos principales personajes.(13a ). Puede que estas acciones calificadas de “quijotadas” tengan una motivación meramente localista, pero puede asegurarse que se antepone siempre lo espiritual a lo material y el interés general al individual. Y eso es algo bastante quijotesco, por raro que parezca en un mundo tan generalizadamente neoliberal y egocentrado como el actual.
Pero  ¿y Villanueva de los Infantes?
      Si el Campo de Montiel permite avanzar la conjetura de que sea el inspirador principal del Quijote, dicho razonamiento queda potenciado por la concentración de características que presenta este pueblo, precisamente en el corazón geográfico de dicho campo.    
      Porque en Villanueva de los Infantes aparecen al menos tres diferencias significativas que seguramente no se veían juntas en ningún otro pueblo de aquella España del siglo XVI, lo que bien pudo ayudar a Cervantes en su decisión.
      La primera y la que nos parece más determinante, reside en la figura histórica de un loco natural de Villanueva de los Infantes llamado Juan de León, cuya vida, según consta en el Archivo Histórico Nacional, sección de Ordenes Militares, Archivo Histórico de Toledo, legajo 15.771, vino a ser la siguiente: este sujeto, tenido como loco y rufián por unos y como buena persona por otros, recorría caminos y pueblos, estrafalariamente vestido de guerrero medieval, quien armado de ballesta, espada, escudo, vieja cota de malla, etc., se dedicaba a molestar y atacar a la gente al parecer sin causa justificada, y por cuyo motivo fue declarado en rebeldía primero, capturado y metido en prisión después, y finalmente ejecutado en Villanueva de los Infantes al parecer sin un juicio justo. Por esta razón, una tía del ajusticiado, de nombre Elvira Martinez, tuvo la idea de escribir al propio Emperador Carlos I en demanda de justicia por lo que ella debió considerar el asesinato de su sobrino. Y sucedió que unos años después, en escrito fechado el 28 de Noviembre de 1524, el emperador condena al alcalde de la época en Villanueva de los Infantes, doctor Juan de la Cueva, a  prisión, al destierro y a la desposesión de sus bienes por la injusticia cometida, rehabilitando al menos en parte la figura de Juan de León (  14 ).
       El lector puede hacerse idea de la conmoción que debió suponer tal hecho en un pueblo de solo 1500 vecinos, razón por la cual es de suponer que este episodio  debió quedar grabado en el recuerdo  de las gentes pasando de padres a hijos. Y que cuando Cervantes visitó La Mancha  unos años después, o pasara y pernoctara en el propio Villanueva de los Infantes, como muy presumiblemente sucedió cuando Felipe II le envió con una misión diplomática desde Tomar (Portugal) a Oran, embarcando en Cartagena,(14a) tomase buena nota del caso Juan de León, para imaginarse las aventuras del Ingenioso Hidalgo don Quijote. Hecho histórico documentado que  supone una hipótesis muy fuerte a favor de que Cervantes lo tomara como antecedente de su don Quijote.
      Y no sería todo respecto a este pueblo, porque entre 1524, fecha del escrito del Emperador, y los primeros años de siglo XVII cuando aparece la primera versión del Quijote, nacen también en Villanueva de los Infantes otros dos personajes que bien pudieran calificarse de “mitad locos-mitad santos” dados los extremos a los que llevaron sus obras de caridad, oración y elevación espiritual.
       El primero de ellos, Tomás García (Santo Tomás de Villanueva), nacido más precisamente en Fuenllana, pueblo muy próximo a Villanueva de los Infantes donde vivían sus padres, idealizó la caridad desde su primera infancia tanto como don Quijote la justicia y la libertad desde que perdió el juicio.  Santo Tomás murió en 1555 pero ya era famoso por su elocuencia  (Carlos I dijo de él: “que conmovía hasta las piedras”); sus extraordinarias  dotes organizativas como Arzobispo de  Valencia cuyas normas renovó totalmente; su avanzada idea  de la caridad como un medio de evitar la mera limosna;   y sobre todo como personaje influyente en los resultados finales del Concilio de Trento renovando el valor de la penitencia y otros sacramentos. Dando además muestras de ir muy por delante de su tiempo, y aún del nuestro,  cuando en aquella España del siglo XVI llega hasta a condenar la tradicional fiesta de los toros por cruel e inhumana. Y dado que hechos tan notorios y públicos ocurrieron  unas décadas antes de que Cervantes emprendiera la escritura de su Quijote, tampoco es difícil deducir que debió sumarlo a la personalidad de Juan de León para sorprenderse  de que en Villanueva de los Infantes apareciera otro ser tan “excelsamente desviado” como Tomás García(12 ).
      Y todavía aparece en este mismo pueblo un sobrino-nieto de Santo Tomás, llamado Rodrigo de Bustos, quien como a su tío y a su propio padre, le dio desde su más tierna infancia por repartir todo lo que tenía a los pobres. Años después, habiendo tomado el hábito de Trinitario con el nombre de Fray Tomás de la Virgen, aparece en Madrid  tan imposibilitado y  enfermo que durante más de  30 años no pudo abandonar su celda, pero siendo tal su sapiencia y la calidad de sus consejos, que los más altos dignatarios de España solían hacer cola ante la puerta de su celda para ser recibidos y escuchados por el fraile, lo que no siempre conseguían. Se sabe, p.e., que la Reina Isabel de Borbón, primera esposa de Felipe IV, esperó todo un día para poder verle sin conseguirlo, por lo que ordenó que se le hiciera un retrato para poder contemplarlo; conociéndose además que el Papa Urbano VIII ordenó a todos sus nuncios en España no tomar decisión importante alguna sin consultarlo antes con Fray Tomás. Y dado que una buena parte de la vida de este santo sucedió mientras Cervantes presumiblemente escribía o concebía  el Quijote, tampoco  resulta extraño que  lo añadiera igualmente a su incipiente lista de hijos de Villanueva de los Infantes considerados fuera de lo común. La verdad es que resulta bastante impresionante la aparición de tres figuras tan extremamente situadas entre lo espiritual y lo violento.
      Lo que plantea otra pregunta: ¿tendría explicación que en el lapso de un siglo, el XV, aparezcan en un pueblo de no más de 1500 vecinos tres personajes tan fuera de lo común e   inclinados hacia lo aventurero, lo inmaterial y lo trascendente?
      Podría tenerla, porque en la Villanueva de los Infantes de la época aparecen  nuevas diferencias significativas que consisten en una estructura urbana religioso-caballeresca difícilmente comparable, a saber: cinco conventos (dominicos, dominicas, franciscanos, franciscanas y trinitarios); seis iglesias grandes (San Andrés, Santo Domingo, la Encarnación, Monjas Franciscas,  La Trinidad y El Remedio, amén de otras nueve capillas o ermitas más pequeñas); donde habitaban unos doscientos clérigos en total; y donde se exhibían unos 190 escudos nobiliarios (se dice que es el pueblo con más blasones por 100 habitantes de España), representando las diferentes estirpes de sus casonas y palacios. Aparte de existir en la época cerca de un centenar de escribanos, oidores, alguaciles y demás políticos con sus cohortes de familias y criados respectivos. En total y desde el punto de vista socioeconómico, cerca de 500 personas que debían estar alimentadas y servidas por  el resto del millar aproximado de familias pecheras directamente implicadas en la producción de bienes materiales cotidianos. Es decir, a partir de una tal estructura social, tan diferenciada entre clases y rangos  y por ello posiblemente tensionada, tampoco resulta difícil deducir  que aparecieran los tres personajes citados en pos de mayores dosis de caridad, justicia  y libertad; y que Cervantes  pensara que quizás no podría encontrar pueblo mejor en España para sacar de allí a sus don Quijote y  Sancho. Muy probablemente, solo el ejemplo del correcaminos y  semi-delincuente Juan de León le vino como anillo al dedo.
      Este conjunto de hechos históricos bien podría explicar la decisión de Cervantes de considerar este pueblo la patria pequeña de don Quijote y Sancho Panza. Y por si fuera poco, cuando Cervantes decide cuantificar tardanzas en días desde los tres puntos geográficos reales citados, el resultado cae exactamente en Villanueva de los Infantes. Aunque posiblemente nunca se sepa si en su decisión tuvo más peso la idiosincrasia colectiva del Campo de Montiel,  o estas aportaciones tan notables de la Villanueva de los Infantes de la época. Pero en cualquiera de los casos, la segunda de las dos preguntas básicas formuladas al principio podría quedar ya contestada aunque solo fuera como hipótesis a falsar: antes habría sido el Campo de Montiel y Villanueva de los Infantes con su “loco” Juan de León, y después El Quijote.
Sobre el papel determinante del Campo de Montiel y Villanueva de los Infantes
      Como bien señala mi buen amigo Clark Colahan (15) de ninguna manera puede sostenerse que la concepción del Quijote haya sido motivada exclusivamente por las vivencias de Cervantes en el Campo de Montiel, apostilla sobre lo que hay que estar forzosamente de acuerdo.  En primer lugar porque salvo el supuesto obligado paso por su parte central desde Portugal a Cartagena en 1581 y regreso Cartagena-Lisboa atravesando de nuevo el Campo de Montiel, no parece existir documentación que acredite que Cervantes estuvo en el Campo de Montiel, de  manera que lo único que puede concluirse en términos explicativos es que la novela El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, estaría lógicamente inspirada en la amplia y aventurera vida de don Miguel, principalmente desde que sale obligado hacia Italia en 1569 hasta que sobre el 1600 termina en España la primera parte del Quijote. Nada menos que una treintena de años  en los que le ocurren toda clase de problemas como bien lo atestiguan sus numerosos biógrafos desde Mayans a Trapiello pasando por Astrana Marín. Ver p.e., el magnífico trabajo de J.A. Cabezas (15a).
      Ahora bien, partiendo de esta experiencia vital de Cervantes, la pregunta sigue siendo: ¿por qué se refiere al Campo de Montiel y a Villanueva de los Infantes  (al primero de forma tan explícita y a la segunda de forma tan velada) cuando pudo referirse a otros sitios?. La explicación forzosamente habría que centrarla en la comarca campomontieleña que atravesó como mínimo dos veces en 1581, se supone que desde Tomar……vía Ciudad Real, Valdepeñas, Villanueva de los Infantes, Alcaraz,…..Hacia Cartagena, y al regresar un mes después, por el mismo camino inverso, como sostiene Cabezas (15a) pero terminando esta vez en Lisboa. ¿Que le “dijo”, pues, el Campo de Montiel a Cervantes para situar allí a sus protagonistas?
      En un principio parecería lo más lógico fijarse especialmente en esas tres diferencias tan visibles presentadas por Villanueva de los Infantes:  a) el extraordinario  hecho del aventurero  Juan de León, tan parecido a la figura de don Quijote; b) la aparición de otras dos personalidades excepcionales (Santo Tomás y Fray Tomás de la Virgen); y c) su monumentalidad eclesiástico-aristocrática y la consiguiente cultura religioso-caballeresca que genera; estructura socio-económica esta última, que sería la que a su vez generaría la aparición posterior de los tres personajes citados. Concretamente, la similitud entre los comportamientos y circunstancias de Juan León y de don Quijote resulta a todas luces impresionante.
      Luego a pesar de todo, cobraría cada vez más fuerza la correlación existente entre el sistema de vida (valores) del Campo de Montiel y sus personajes, y el sistema de vida (valores) de don Quijote y Sancho Panza, tal parece la similitud de comportamientos, incluso si se incluyen las historias intercaladas ( ). Y dentro del intenso conglomerado de vivencias de Cervantes desde su uso de razón hasta que completa la novela en 2015, más parece haber tenido en cuenta a la hora de escribir la novela el tipo de vida manchega, que las derivadas de su aventura militar, de su rapto y encarcelamiento en Argel e incluso de sus correrías recaudatorias por Andalucía. Sería, pues, esta correspondencia entre valores y comportamientos propios del Campo de Montiel y los valores y comportamientos acreditados por don Quijote y Sancho, la que fundamentaría sin gran riesgo de error la hipótesis de que la base explicativa del Quijote, residiría, principalmente, en el Campo de Montiel.
      Sin embargo, la disyuntiva de si fue antes Villanueva de los Infantes que el resto del Campo de Montiel no quedaría satisfactoriamente cerrada debido a la mención tan explícita de Cervantes al Campo de Montiel, nada menos que en cinco ocasiones,  lo que también hace pensar que si Cervantes escogió finalmente a Villanueva de los Infantes como el “lugar de la Mancha” fue más bien, o únicamente, porque era el pueblo que mejor representaba a la totalidad de la comarca montieleña en aquella época. En otras palabras: que Cervantes se centra en el Campo de Montiel está ESCRITO POR ÉL y no hay lugar a dudas; que Cervantes traza después unas coordenadas sobre un pueblo concreto (Villanueva de los Infantes) que además presentaba características especiales, es una DEDUCCIÓN verificable (o al menos falsable),y por lo tanto igualmente válida en términos científicos, pero deducción al fin y al cabo.
      Habría que terminar repitiendo, pues, lo que ya sostuvimos en 2005: Que parece más lógico inclinarse por la hipótesis de que fue el Campo de Montiel, más que Villanueva de los Infantes, lo que determinó a Cervantes (ver pag. 127 de “El lugar de la Mancha es….,UCM, 2005), para hacer salir a Don Quijote y Sancho Panza del Campo de Montiel, conclusión que se repitió unas páginas después donde escribimos: “Todo ello sin abandonar la hipótesis, como se ha dicho antes, de que, más que a Villanueva de los Infantes, Cervantes a quien probablemente quiso homenajear fue a todo el Campo de Montiel” (pag. 159). No obstante, la penumbra sobre la prioridad temporal Campo de MontielàVillanueva de los Infantes o viceversa,  continua oscureciéndonos, lo que no está mal de cara a futuras investigaciones. Ahí permanece todavía escondido el juego de Cervantes para seguir preguntándonos si fue antes el huevo o la gallina.
El velo sobre Villanueva de los Infantes
      Pero identificado en cualquier caso Villanueva de los Infantes como ese Lugar de la Mancha, fuera antes o después del Campo de Montiel,  quedaría otra cuestión final en relación a este pueblo: ¿por qué no quiso acordarse de Villanueva de los Infantes? ¿por qué lo escondió? Y ¿qué sentido tuvo esta frase final? Siempre existieron algunas respuestas fantasiosas respecto a otros pueblos que también se tuvieron  como “el Lugar de la Mancha” las cuales van desde: por haber estado encarcelado allí, hasta por haber tenido algún percance amoroso inapropiado o de mala memoria.
      Lo cierto es que cabrían al menos tres respuestas con algún fundamento:
      La primera, la que modestamente defiendo, es porque Cervantes pensó desde el principio plantear al lector el enigma del “lugar de la Mancha”, haciendo de la novela a estos efectos una especie de “puente” entre la frase con que la inicia:
”En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme.…” (cap.1, 1ªP)
Y su muy explícita, clara e incontestable frase en las últimas páginas de la novela cuando escribe:
Este fin tuvo el Ingenioso Hidalgo de la Mancha, cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete, puntualmente, por dejar que todas las villas y lugares de la Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenérsele por suyo, como contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero” (subrayado mío).(Cap. 74,2ªP)
      Esta especie de taimado “juego-desafío” es lo que a su vez explicaría por qué aparecen tantas contradicciones en la novela (fechas, molinos de viento, arroyo-lavadero, cercanía del Toboso, recorridos y tiempos ilógicos, etc.) en relación a otras especificaciones, más precisas y válidas por cuantificadas, de donde cabe situar con seguridad suficiente el pueblo de los protagonistas en el mismísimo centro geográfico del Campo de Montiel. Y con independencia de algunos errores y lapsos no queridos por Cervantes, que seguramente los hubo,  éste sabía que debía oscurecer  y dificultar al máximo la aventura de encontrar dicho “lugar de la Mancha”, como  de hecho lo ha conseguido durante cuatro siglos. No resulta por otra parte concebible que Cervantes planteara al inteligente lector un acertijo facilón y simple. Lo que sorprende es la poca atención que se ha prestado a este tema en la literatura cervantista ( 16 ).
      La segunda, porque el hecho del juicio injusto a Juan de León le repugnara  profundamente, y prefiriera olvidarse de Villanueva de los Infantes y su estructura  religioso-caballeresca tan extrema, a la que responsabilizaría de la injusticia cometida.
      La tercera, la que apunta Abrahan Madroñal, sería debido a que Bartolomé Jiménez Patón, la figura intelectual de Villanueva de los Infantes en la época (Quevedo aparte) , no menciona en ninguno de sus escritos a un Cervantes ya  conocido y celebrado, lo que solo resulta comprensible a la luz de la enemistad entre Lope de Vega y Cervantes por un lado, y a la estrecha amistad entre Lope y Jiménez Patón por otro (17).
      Y todavía mi admirado y buen amigo Salvador Dueñas me apunta una cuarta: que debido a la dependencia de Cervantes respecto a cierta nobleza, como p..e., el Conde de  Lemos o el Duque de Bejar, temiera algún tipo de reacción en su contra por parte de la poderosa nobleza local establecida en Villanueva de los Infantes.
      El lector tiene, pues, donde escoger entre respuestas fantasiosas y fundamentadas,  para llegar a discernir por qué motivos Cervantes no quiso acordarse del tan concitado “lugar”.

Conclusión
      A la luz de las publicaciones académicas conocidas (18) no debería resultar arriesgado enunciar las dos siguientes hipótesis, ambas susceptibles de ser verificadas, o cuando menos falsadas:
Primera: A pesar de las tres grandes diferencias aportadas por Villanueva de los Infantes respecto a otros pueblos, la insistencia tan explícita de Cervantes sobre el Campo de Montiel hasta en cinco ocasiones,  podría inclinar la balanza a favor de la comarca en su totalidad, para enunciar que si Cervantes fijó a Villanueva de los Infantes como el Lugar de la Mancha fue, sobre todo, y quizás únicamente, porque era el pueblo que mejor la representaba.
 Segunda: Con independencia de que Cervantes no quisiera acordarse del “lugar” concreto debido a la injusticia cometida en Villanueva de los Infantes sobre Juan de León, o debido a las relaciones personales inamistosas a las que se refiere A. Madroñal, o a la posible reacción de la nobleza de Villanueva de los Infantes como apunta S. Dueñas, la causa que parece más verosímil, por consecuente y explícita según el texto de la novela,  sería la intención de Cervantes de establecer esa especie de “acertijo-desafío” , que le va a permitir  involucrar a los lectores en su aventura narrativa, llamándoles en las últimas líneas del último capítulo  a contender entre  villas y lugares por hacer suyos los personajes de don Quijote y Sancho Panza.
      Dos hipótesis conclusivas que quedan abiertas a toda refutación deseable.
Francisco Parra Luna, Septiembre 2013
Notas:
1. Sobre la utilidad de investigar temas complejos mediante equipos multidisciplinares (hacia la inter o transdisciplinariedad como integración de enfoques metodológicos), puede verse: N. Malinowski, "Hacía una Estrategia de Investigación Pluridimensional", en Investigación Científica. Un Encuentro con el Paradigma de la Complejidad, Instituto Internacional de Integración, Convenio Andrés Bello, La Paz, Bolivia. (2009); también  M.A. Max-Neef, "Foundations of Transdisciplinarity" Ecological Economics 53(2005) 5-16; Joel de Rosnay, “Le macroscope: vers une visión globale”, Ed. du Deuil,1966; R. Ackoff, “The Art of Problem Solving”, John Wiley, 1978; y más recientemente y como atacar concretamente el problema del “lugar de la Mancha” a través de la interdisciplinareidad y la Teoria de Sistemas, véase: A. Malaina, “Complejidad, Complicación, desorden y orden en la búsqueda del Lugar de la Mancha en El Quijote”, en F. Parra Luna y M. Fernández Nieto, “El enigma resuelto del Quijote: un debate sobre el lugar de la Mancha”, Univ. de Alcala, 2009.
1a.La determinación del “lugar de la Mancha” en El Quijote, es en opinión del autor,  agua pasada. Ver F. Parra Luna et al, “El lugar de la Mancha es…El Quijote como un sistema de distancias-tiempos”, Univ. Complutense de Madrid, , 2005; Y en particular por tratarse de un libro-debate:  F. Parra Luna y M. Fernández Nieto, “El enigma resuelto del Quijote”, op. cit.. Ver igualmente:  J.F. Girón, “La determinación del “Lugar de la Mancha” como problema estadístico”, Boletín de la Sociedad de Estadística e Investigación Operativa”, Vol. 22, num.1, Enero 2006; También A. Caselles-Moncho et al. “The Kinematics of don Quixote and the Identity of the Place in La Mancha: A Systemic Approach”, Revista Internacional de Sistemas, Vol. 16, 2009; Igualmente, F. Parra Luna, “Sobre el lugar de la Mancha en El Quijote: una hipótesis científica”, en F. Pillet y J. Plaza, “El espacio geográfico del Quijote en Castilla-La Mancha” , Universidad CLM, Colección Estudios , 104,2006. Existen otra serie de trabajos en vías de publicarse que desde diversas perspectivas confirman la tesis de VI.
2.Cuenca J. “Encuentros de un embajador con don Quijote”, Ed. raíces, Madrid, 2008.
3.Navarro y Ledesma, F. “El Ingenioso Hidalgo Miguel de Cervantes Saavedra”, Imprenta Alemana, Madrid, 1905.
3a. J.M. Lucía Megías, “Don Quijote de la Mancha, caballero andante: el acto de investidura a partir de sus imágenes”, en Actas del VI Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas, Centro de Estudios Cervantinos, 2008, pag. 45-85.
3b. F. Parra-Luna, An Axiological Systems Theory: Some Basic Hypotheses”, Systems Research and Behavioral Science, 00-1-26, 2001.
3c .Un avance de esta filosofía puede verse en el proyecto-memoria consagrado a solicitar para el CM su declaración por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.
4. Una obra especialmente consagrada a analizar estadísticamente la realidad socioeconómica de la Mancha de siglo XVI en su relación con El Quijote es: Aranda, J. “El Quijote frente a la realidad”, INE, Madrid, 2005.
4a. Las veces que Cervantes menciona al Campo de Montiel son seis, pero una de ellas, la que dice: Pisó por ella el uno y otro lado de la gran sierra Negra y el famoso Campo de Montiel, hasta el herboso llano de Aranjuez (Primera Parte, capítulo LII), está incluida en los versos burlescos que le dedica a los “académicos de la Argamasilla” por lo que parece correcto no considerar válida ninguna de estas afirmaciones.
5.Sin embargo, la cita del Campo de Montiel en el cap. II de la primera parte implica una doble cita, puesto que el predicado de la segunda está confirmando (pero repitiendo)  el de la primera. Por lo que el “y era verdad que por él caminaba” resulta cita tan independiente como las cuatro restantes.
6. Esta aparente imposibilidad es lo que hace argumentar a J. Sánchez, apoyándose además en Eisenberg, que “no hay plan geográfico en El Quijote y que está fuera de lugar intentar encontrarlo” . Conclusión absolutamente insostenible como lo demuestran los trabajos señalados en la nota 1, y en particular la respuesta dada a J. Sánchez  en F. Parra Luna y M. Fernández Nieto,” El enigma resuelto del Quijote” op. cit., pag. 253. La principal causa de no haber visto la solución al problema presentado por C reside en la no utilización de equipos multidisciplinares. Es mediante la combinación de un enfoque multidisciplinar y sistémico, donde puede encontrarse la explicación de  que el enigma haya podido ser resuelto.
7. Dichas tardanzas, si son estimadas con neutralidad científica al margen de cualquier otro interés, y décimas más o menos, serían las que siguen: Desde Puerto Lápice: 2,42 días; desde Sierra Morena: 3,5 días; y desde El Toboso: 2,8 días. Aplíquense estas medidas, por aproximadas que sean, y el resultado será siempre el mismo: el centro geográfico del Campo de Montiel y concretamente Villanueva de los Infantes. Tardanzas y resultado que tampoco sobra haber repetido en honor y beneficio de cualquier lector renuente. Ver nota 1.
8. Esta seguridad en los resultados proviene no solo de la confluencia de distancias en el centro geográfico casi exacto del Campo de Montiel, sino de la variedad de métodos empleados entre los que debe destacarse la matriz de variables-pueblos (cuadro 18 en “El lugar de la Mancha es…UCM,2005) donde se cruzan todas las variables posibles (24) con todos los pueblos posibles (26) para determinar el pueblo que reúne mayor número de requisitos cumplidos..
9. No parece existir un consenso general entre historiadores y geógrafos sobre cual es el verdadero Campo de Montiel histórico. Ver p.e. Corchado Soriano, Manuel (1971): Avance de un estudio geográfico-histórico del Campo de Montiel. Instituto de Estudios Manchegos-CSIC. Madrid; ,Moya Maleno, P.R. (2006): “García y Bellido y la Arqueología del Campo de Montiel (Ciudad Real-Albacete): aproximación historiográfica”, en P.R. Moya Maleno (Ed.): Antonio García y Bellido. 1903-2003. Asgarbe. Villanueva de los Infantes. ISBN: 84-690-3361-1. pp. 63-138.Rubio Martínez, Carlos Javier (2011): La Crisis del Antiguo Régimen en el Campo de Montiel (1787-1808). Asociación Historico-Cultural Seis de Junio. Valdepeñas.Y Ruiz Rodríguez, José Ignacio (1993): Organización política y económica de la Orden de Santiago en el siglo XVII (Los hombres, la economía y las instituciones). Diputación Provincial de Ciudad Real -Biblioteca de Autores Manchegos, BAM-83 -. Ciudad Real.
10. El primer mapa conocido con una ruta del Quijote fue el elaborado por Tomás López, geógrafo de Felipe V, con la colaboración del Capitán de Ingenieros Joseph de Hermosilla, pero extrañamente no se identifica el sitio del que parten don Quijote y Sancho Panza, por lo cual recibió algunas críticas. Ver el documentado trabajo de Fernández Nieto en “El enigma resuelto del Quijote, op. cit, pag. 31 a 93
11. Ver F. Caballero, “Pericia geográfica de Miguel de Cervantes; demostrado con la historia de D. Quijote de la Mancha”, Imp. Yenes, Madrid, 1840.
11a .  J. Rodriguez Castillo, “Don Quijote por el Campo de Montiel (como debe ser)”, AACM, 1999.
12. Ver J.I. Ruiz Rodriguez, (1993), op. cit.
13. Ver A. Rodriguez Huescar, “El homo montielensis: la rebelión contra el tiempo”, Univ. de Puerto Rico, 1958.
13a . Diez son los hechos “quijotescos” contemporáneos, liderados por personas vivas,  que se acreditan hasta hoy en el Campo de Montiel:1 La conmemoración del Montiel Medieval; 2 el ejemplo de Fuenllana; 3 la esforzada organización de eventos sobre El Quijote; 4  Hacia la reconstrucción del castillo de Montiel; 5 Los mosaicos de Yañez en Almedina; 6 el circuito “Sonoridades” con los órganos de Torre de Juan Abad, Terrinches y Villahermosa; 7 el Mueso Quevedo en Torre de Juan Abad; 8 la Web del Campo de Montiel; 9 el yacimiento arqueológico del Puente de la Olmilla en Albaladejo; y 10 el túmulo a la tolerancia religiosa en Villanueva de los Infantes. A lo que habría que añadir el punto 11 titulado “Un campo de Quijotes”, donde se informa sobre  el número de personas que están trabajando desinteresadamente a favor del proyecto Campo de Montiel-Unesco.
14. Se debe este descubrimiento al historiador Juan A. Gómez Gómez, quien hizo entrega de una fotocopia del documento manuscrito encontrado  y autorizándonos a citarlo.
14a. Hay quien defiende que el camino que debió hacer Cervantes desde Thomar en Portugal hasta Cartagena, fue el señalado por los repertorios de Meneses y Villuga pasando por Badajoz, La Solana, la Ossa de Montierl y Lezuza. Camino inaceptable en principio por dos motivos: primero, porque una vez situados en Ciudad Real procedentes de Badajoz, lo lógico es buscar las poblaciones más importantes presentándose ya una preferencia clara por  la vía Almagro-Valdepeñas, frente a la de Manzanares-La Solana; y segundo  porque ir a través de Manzanares-La Solana-Lezuza, supone un considerable rodeo frente a la  que se inicia en Almagro vía Valdepeñas, mucho más directa. Ver F. Romero, “Cervantes en La Solana”, Manantial, num. 63, Junio 1962.
 15. Clark Calahan, en nota personal al autor de este trabajo.
15a. J.A. Cabezas, “Cervantes. Del mito al hombre. Biblioteca Nueva, Madrid, 1967
16. Me consta que el prof. Fernández Nieto está investigando este aparente silencio por parte del cervantismo más cualificado.
16a. Los valores que en principio sobresaldrían en las historias intercaladas serían: En Marcela (la Justicia Distributiva y la Libertad); en Cardenio (el Prestigio Moral); en el Curioso Impertinente (el Conocimiento); en el Cautivo (la Libertad, la Justicia Distributiva y el Prestigio Moral) y en Clara (la Libertad y el Prestigio Moral). Entiéndase que en estos valores lo que sobresale son justamente sus antítesis. Así, los celos, la envidia, la venganza, etc., disminuirían los grados  de Prestigio Moral, y de ahí que algunas de estas historias terminen mal. Se constata así que con o sin historias intercaladas, en  el “sistema de valores” defendido en el Quijote sobresalen, como se señaló en el cap.,6 en (   ) los cuatro valores de “Justicia Distributiva”,” Libertad”, “Prestigio Moral” y “Conocimiento”. Desde el punto de vista “axiológico” bien puede decirse que el Campo de Montiel es el origen  del Quijote.
17.ver Abrahan Madroñal, “Humanismo y Filosofía en el siglo de Oro: en torno a la obra de Bartolomé Jiménez Patón”, Ed. Iberoamericana, 2009, pag. 105 y siguientes.
18. Por “Académico” entiendo publicaciones avaladas por universidades o editoriales de referencia. Apostilla que en el caso concreto del “lugar de la Mancha” en El Quijote resulta absolutamente necesaria, dada la profusión de trabajos de interés meramente localista que se publican sin las debidas garantías académicas.

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